Reflexiones sociológicas sobre el CORONAVIRUS y el medio ambiente

En estos momentos tan difíciles que estamos viviendo, llenos de incertidumbre, desde la Asociación En Defensa del Mar Menor queremos daros nuestro más sentido abrazo en la distancia. Hoy no os vamos a hablar de ningún tema relacionado con el Mar Menor, hoy no toca, un enemigo más grande nos planta cara, hoy queremos hacer una reflexión en voz alta después de 4 días de confinamiento.


Vivimos días raros, por primera vez obligados a permanecer cautivos, inactivos. En esta vida tan acelerada que llevamos, de pronto nos ponen el freno de mano, y nos obligan a parar, porque… ¡nos han obligado! Esto no son unas vacaciones como muchos han pensado, en las que cojo las maletas y como los niños no tienen clase y nosotros no trabajamos nos vamos al Mar Menor a disfrutar de un paseo por sus playas, porque aunque nos dicen que está muy mal, por lo menos podremos disfrutar de las terracitas y el sol. ¡Que poco le han durado las vacaciones a esos inconscientes!


Esto es algo muy distinto, a día de hoy estamos todos encerrados en casa, con la unidad familiar en sentido estricto, sin posibilidad de visitar a la familia ni a los amigos. Nuestra ventana al mundo exterior son las redes sociales, ¡benditas sean! Una forma de socializar que aprendimos hace tiempo, muchas veces en declive de las personas que tenemos más cerca, porque reconozcámoslo, a veces, después de esas jornadas interminables fuera de casa, llegamos a ella y nos ponemos con el móvil, ignorando a las personas que conviven con nosotros en la misma casa, dejando de ser una familia y convirtiéndonos en muchos casos en compañeros de piso. Vivimos nuestra rutina, día tras día, una monotonía aprendida, una felicidad aparente, y así van pasando los años, los hijos crecen, se independizan y un día nos despertamos y somos ancianos, nuestra vida casi ha llegado a su fin, y se nos olvidó lo más importante, ¡vivir!


Creo que este confinamiento va a suponer un antes y un después en la vida de muchas personas, y en la sociedad española en general, comenzaremos a valorar cosas que antes resultaban indiferentes, como la sensación del sol en la cara, el olor a salitre que desprende nuestro Mar Menor, la sensación de andar descalzos por la arena, en definitiva, esos pocos momentos de felicidad que pocos saben apreciar. Comenzaremos a valorar más a la familia, esas reuniones familiares que a veces se hacen eternas y de las que ahora no podemos disfrutar. También comenzaremos a valorar más a los amigos, los de verdad, esos que en estos momento están ahí, compartiendo telefónicamente nuestras horas de aislamiento y dándonos ánimos en la distancia. Porque seamos realistas, en estos duros momentos es cuando podemos distinguir entre amigos y conocidos, entre casa y hogar.


Esta situación también nos va a enseñar a todos a valorar algo que hasta ahora carecía de valor, “la libertad”. El concepto de libertad es algo que la mayoría de la sociedad no valora porque siempre la ha tenido, y como dicen “no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos”. Esa libertad que nos permitía antes pasar un fin de semana metidos en casa y descansando, lo que ahora es una tortura porque nos están obligando, esa que nos permitía salir a pasear, al cine, a comer en un restaurante, a tomar un café…


Durante estos primeros días hemos visto lo mejor y lo peor del ser humano, porque en toda sociedad tiene que haber de todo. A través de la pequeña ventana al mundo que tengo en mis manos he visto a personas que han acaparado los productos de los supermercados, dejando a otras sin poder comprar productos básicos para el día, por puro egoísmo. He visto a personas que estando en cuarentena por el coronavirus han cogido un tren y se han recorrido media España, llegando a nuestras costas, paseando por nuestros centros comerciales para acabar ingresadas en nuestros hospitales, porque a ellos nadie les pone límites y poco les importa la vida de los demás, porque con esta actitud te estás convirtiendo en un asesino, pero como no ves la sangre manar de la herida, tienes la conciencia muy tranquila. La peor cara del ser humano, egoísta, incapaz de empatizar y con poca conciencia social.


(Foto actual de los canales de Venecia transparentes tras el confinamiento de la población)


Pero no todo iba a ser malo, también hemos visto la mejor cara de la sociedad, esas personas que se han ofrecido voluntarias para hacer la compra o llevar medicamentos a los ancianos, esos sanitarios con jornadas interminables que ponen su vida en peligro para ayudar a los enfermos, los farmacéuticos que están atendiéndonos en las farmacias para que podamos seguir teniendo medicamentos y haciendo a veces de médicos para evitar que acudamos a los hospitales, esos trabajadores de supermercados que se han visto obligados a trabajar a marcha forzada para llenar las estanterías que los acaparadores vaciaban día tras día, los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que han salido a la calle para hacer cumplir la ley y evitar que sigamos muriendo por la inconsciencia de unos pocos, los abogados que han tenido que seguir haciendo las asistencias a detenidos a pesar de llevar varios meses sin cobrar el Turno de Oficio, y todas las profesiones que de una u otra forma están trabajando y poniendo su salud y la de sus familias en riesgo para que este país no se pare, desde aquí solo os puedo decir una cosa, GRACIAS. Sois unos héroes y lo estáis demostrando. Tampoco me quiero olvidar de la sociedad en general, de esas personas que están en casa sin moverse, y que a través de sus videos y sus memes nos sacan una sonrisa a los demás, haciendo estos días más llevaderos.


Desde aquí os envío un mensaje de ánimo, de positivismo, no toméis esto como un castigo, tomarlo como una oportunidad. Dedica tiempo a tu familia, a tus hijos, a tus padres, dedica tiempo a leer, a escribir, a formarte, a replantearte tu vida, hazte una pregunta ¿estás donde quieres estar? Si la respuesta es sí, estupendo, aprende a valorarlo y trabaja día a día para conservarlo, y si la respuesta es no, piensa en que puedes hacer para estarlo, planifícate, márcate unas metas y unas hojas de ruta. Que cuando esta situación termine resurjas como el Ave Fénix, con más fuerza que nunca para seguir luchando por tus sueños, y lo más importante, para ser feliz, porque la felicidad no depende las circunstancias, la felicidad depende de uno mismo. Esto no es cuestión de aptitud sino de actitud, y con una actitud positiva superaremos esto y saldremos más reforzados. Piensa en lo maravillosa que puede ser la vida y todo lo que te has estado perdiendo, la vida es efímera, vivimos con la creencia de que somos eternos y no es así, aprende a vivir los días, a disfrutar de ellos, a disfrutar de los pequeños momentos de felicidad del día a día.


Desde la Asociación En Defensa del Mar Menor seguimos trabajando para dejar un futuro para nuestros hijos. Únete a nosotros.


Olga Cánovas

Abogada

Miembro EDMM


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